Maestro, un amigo tuyo está hablando mal de ti…
-Espera, ¿has pasado por los tres filtros lo que has venido a contarme?
-¿Cuáles son esos tres filtros?
-El primer filtro es “la verdad”, ¿estás seguro de que lo que me vas a decir es absolutamente cierto?
-Bueno, no me lo ha dicho él directamente, se lo oí contar a unos vecinos…
-Al menos lo habrás pasado por el segundo filtro, el de “la bondad”. Dime, ¿lo que me vas a decir es bueno para alguien?
-A decir verdad no, más bien todo lo contrario.
-Bien, pasaremos al último filtro, el filtro de “la necesidad”, ¿crees que es realmente necesario hacerme saber lo que un amigo mío está hablando mal de mí?
-De hecho, no.
Entonces, complaciente el maestro le dijo: si no es VERDAD, ni es BUENO, ni es NECESARIO, mejor lo enterramos en el valle del olvido.
Cuando contamos algo. ¿Qué finalidad hay más allá de nuestras palabras? ¿Para qué decimos lo que decimos? Si nos hiciesemos estas preguntas en algunas ocasiones, ¿Cuánto de mejor sería nuestro día a día?